Cuando llega la oscuridad, es decir, la depresión, la ansiedad, la angustia, nuestra vitalidad se reduce al mínimo. Nuestro sistema nervioso, nuestro cuerpo se constriñe, deja de vibrar, subsiste. El impulso vital se reduce a sobrevivir en medio del caos emocional, de los pensamientos oscuros, del dolor del cuerpo y de la mente. Pareciera que nunca fuese a terminar. Entonces…
